Voy en silencio. Camino del aeropuerto. Me dio cuenta de lo diferente que parece todo de la primera vez que hice este recorrido, cansada y aturdida por el largo viaje, con la incertidumbre y la curiosidad de lo desconocido, con el recuerdo de los que quedaron lejos pero acompañándome en la distancia, sola, realizando el viaje que tantas veces he vivido en mis sueños, realizando una prueba, enfrentándome a miedos que están ahí porque mi mente los pone frente a mi.
Que diferente me parece todo, aunque el paisaje no es lo único que ha cambiado. Mis oídos están llenos de ritmos alegres y pegadizas canciones. Mi piel castigada por el sol, la arena y el viento, impregnada de ese olor que es una mezcla de transpiración corporal, pescado al sol, fruta fermentándose y leña quemada mientras se cocina, ese olor que te agrada y desagrada al mismo tiempo. Mis ojos están llenos de lugares que han cambiado al compás de la vida, están llenos de sonrisas sinceras y agradecidas, de miradas de niños profundas y penetrantes, que sin decir nada, gritan por un futuro, por una oportunidad de elegir, no sólo al mundo desarrollado, o mejor descontrolado, desmedido, desenfrenado que crece de espaladas al sur, mirando hacía otro lado para seguir ajeno por caminos de desigualdad y de injusticia; sino también a su mundo, a sus maestros que desmotivados han olvidado su responsabilidad con la sociedad como movilizadores de conciencias, a sus padres por aceptar tan humilde y pasivamente un futuro heredado e impuesto y a sus gobernantes y funcionarios que progresan a base de sobornos.
¿Acaso la vida tienen más valor en Europa que en África?, ¿acaso la dignidad de una persona depende del país en el que haya nacido? ¿Acaso los derechos humanos no son universales?
África, un solo nombre para englobar un universo, dispar, generoso y contradictorio. África tu riqueza no son los diamantes, ni el petróleo, ni los minerales, tu riqueza son los niños, ellos son tu color y tu alegría.
Voy en silencio. Cierro los ojos para fijar en mi memoria todo lo que mi retina capta en ese momento, y escucho las voces de los niños cantando, escucho tambores, veo sus grandes ojos negros.
De nuevo cierro los ojos y siento en mis manos el roce de su piel al agarrarme con sus pequeñas manos.
Recuerdo los nombres de Chikondi y Chimwemwe, amor y felicidad, el nombre de dos pequeñas gemelas de Chezi.
Ojalá Chikondi y Chimwemwe fueran la profecía cumplida para un continente que se desangra.
África me has dejado la huella de tu alegría y tu desdicha.
¡¡¡¡¡Hasta pronto África!!!!, ¡¡¡¡¡hasta pronto amigos!!!!!!.
ele











Sí, qué diferente es todo de hace cuatro meses, cuando te acompañamos al aeropuerto y nos despedimos. Los nervios y la incertidumbre se mezclaban con una cierta tristeza impregnada de esperanza ante el cambio que empezaba a dar tu vida. En unos instantes repetiremos el viaje al aeropuerto a recogerte, los mismos nervios y mucha, mucha alegría por volver a verte. Te hemos echado de menos cada día, hemos compartido contigo tus vivencias desde la distancia y nos has hecho soñar con la idea de un mundo mejor. Nos has transmitido el olor, el sol, las risas, la pobreza y la riqueza de África, sus ganas de vivir y de salir adelante..., nos has hecho ver que las cosas pueden cambiar. Tú ya lo has hecho con tu fortaleza, con tu valentía, con tu sabiduría y con tu amor. Tenemos muchas ganas de abrazarte. Bienvenida a casa, Ele. Cástor y Meri
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